El cerro La Buitrera, un paraiso para recorrer

· 23 Mar 2025 ·
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El cerro La Buitrera. En este paisaje, a 18 kilómetros de Bariloche, vivió siempre Angélica Raquel Crespo y hoy te cuenta su historia y te lleva a recorrerla. Es un paseo ideal para hacer en Semana Santa.

En puerta de la meseta patagónica, Angélica, Kela, Raquel Crespo recorre su tierra. Con la misma familiaridad con la que alguien pasa por los pasillos de su casa, lleva a los turistas al CerroLa Buitrera, a descubrir formaciones rocosas tan extrañas que parece que se estuvieran derritiendo, por la que vuelan los cóndores y se encienden y se apagan con el sol. Ese lugar hermoso y la Estancia La Lucha es para ella su hogar, su historia y la de sus antepasados.

Kela cuenta que su bisabuelos llegaron desde Carmen de Patagones en una carreta. Viajaron por la línea sur con bueyes y en ese trayecto, nació su abuelo en la altura de arroyo Los Berros, en plena meseta de Somuncurá. “Somos descendientes directos de Benito Crespo, una calle de Bariloche lleva su nombre”, dice Kela por teléfono con voz animada.

Y no es solo un nombre, Benito Crespo llegó a ser el primer intendente de la ciudad. Diego Crespo, su hijo, el abuelo de Kela, se casó con Sara Arriagada y se instaló, allí, en Ñirihuau arriba, en esa estancia llamada La Lucha en la que ahora ella, recibe a cientos de turistas que van a descubrir un milagro más de la Patagonia.

Entrada al campo de la familia Crespo, la Estancia La Lucha.

Su abuelo, iba y venía al pueblo en un camión que está como símbolo, detenido en esas tierras, mientras Sara criaba los hijos a 18 kilómetros de la ciudad. Su papá Enrique Crespo nació en una habitación de la casa en la que vive. Y en esa misma habitación también nació Kela.

“Me quedan dos tías hermanas de mi padre que viven en la casa antigua de Bariloche, en Gallardo y Elflein”. Esa casa, con techo a dos aguas, revestida en tejuelas, fue declarada Patrimonio Histórico en Bariloche.

Su abuelo se dedicaba a los animales, tenía ovejas, vacas, caballos. Su papá también, pero un invierno muy malo mató a todas las ovejas y se quedó con los vacunos. Y cuando él murió, Kela y sus hermanos decidieron dejar los animales y ella apostó al turismo para mostrarle a todos los secretos que guarda en el patio de su casa.

Al igual que su padre, Kela nació en estas tierras.

“Mi mamá, Elida Peré, ya falleció, y mi papá también, hace tres años, a solo diez días de cumplir los 90”, dice Kela con la serenidad de quien aprendió a convivir con una soledad. “Por eso, entre otras cosas, estoy acá, sola”.

Pero no es una soledad triste, sino la de alguien que eligió su destino. “Pasé toda mi infancia acá, hasta los seis años, con mis abuelos. Pero después tuve que ir a la escuela en Bariloche. No me gustaba la ciudad, y todavía no me gusta. Tuve una infancia hermosa y siempre elegí este lugar para vivir”, recuerda, con una sonrisa.

El paseo que todos quieren

Las piedras de La Buitrera encierran un magnetismo que muchos visitantes perciben. Es una zona de transición entre el bosque y la estepa, cubierta principalmente por matas de coirón, con algunos manchones de ñire y de retamo.

Tiene formaciones rocosas que parecen de otra planeta.

“Hay gente que dice que tienen un poder energético terrible. Otros simplemente quedan impactados con el paisaje desde arriba”, destaca Kela, y con un dejo de escepticismo de mujer práctica añade: “Yo creo que para sentir eso hay que tener cierta espiritualidad, o saber de eso. Eso sí, es un lugar de otro planeta… aunque nunca estuve en otro planeta”.

En este cerro de 1600 m. hay formaciones de piedra donde la erosión del agua y el viento formaron agujeros naturales, que sirven de “dormitorios” a los cóndores.

Su hijo, Carlos Enrique, vive en El Bolsón con su esposa Celeste y su hija Zoe. Los fines de semana vienen a ayudar con los turistas. “El trabajo es pesado”, admite Kela. “Me ayuda con la leña, ahora me hizo algunas mejoras en la cocina. Hay una señora que también colabora, horneando pan casero, tortas fritas y pizzetas. “Ni bien llegan los turistas, preguntan por las famosas tortas fritas y las encargan para la vuelta”, dice divertida.

Los “honguitos”, el lugar es foco de interés de geólogos, biólogos, turistas y locales.

En invierno, el silencio se adueña de la estancia y allí se queda ella a esperar la primavera y descansar de tanto ajetreo. “Para nada me da miedo. Antes de que llegue el frío compro todo lo necesario y vacaciono. No me dan muchas ganas de salir y tampoco puedo”, porque, asegura, que el mal estado del camino, cuando llega la nieve y la lluvia la aíslan.

Pero cuando las flores comienzan a florecer, las caminatas hacia el Cerro La Buitrera se convierten en el alma del emprendimiento. “Se sube caminando, lleva entre tres horas y media y cuatro. Arriba, se puede ir hacia la izquierda, al cerrito de la Ventana, o a la derecha, donde hay unas formaciones muy bonitas”.

La familia de Kela en el campo.

Las piedras con forma de cono y de hongo son un espectáculo en sí mismas. “A veces, con suerte, se pueden ver cóndores”, añade Kela. Antes de salir, van al quincho, donde los visitantes completan registros, seguro, deslinde de responsabilidades y pagan la entrada.

“Esta temporada fue muy buena”, comenta con entusiasmo. “Desde octubre o noviembre empiezan a venir más turistas, en verano el calor aleja a muchos. Son once kilómetros de caminata y hay una subida de tres, todo a pleno sol”. Por eso la primavera y el otoño, son ideales para ir a visitarlos.

“Tuvimos un promedio de cien personas por día y en el fin de semana largo lo superamos. Semana Santa es una fecha fuerte, así que los esperamos”, remarca.

EWl camión con el que su abuelo iba a la ciudad es un símbolo del lugar.

La estancia La Lucha es más que un destino turístico, es la historia viva de una familia que ama ese lugar. Y allí está Kela, te recibe con calidez y con las torta fritas más famosas de la región.


Datos útiles para ir a La Buitrera

El cerro La Buitrera es un cerro a 18 km al sur de Bariloche. Tiene formaciones de rocas sedimentarias, erosionadas con el viento y el agua durante millones de años. Si bien su altura está cerca de los 1470 msnm, las mejores vistas del cerro se consiguen rodeándolo por debajo en una caminata corta y poco exigente.

Para llegar hay que salir desde Esandi y Circunvalación, tomar camino a la Paloma (ruta de ripio), con dirección a Río Ñirihuau Arriba, serán unos 18 kilómetros hasta la estancia del Desafío, este lugar está cerrado no te dejan pasar, hay que seguir la calle hasta que te encontrás con una tranquera, dónde señala el horario de ingreso a las caminatas de La Buitrera, de 8:30 a 17.

Si lo buscás en Google Maps tenés que ver cómo llegar a la estancia El Desafío. Eso sí, bajate el mapa para ver offline porque no hay señal de celular.

Hay que apurarse antes que lleguen las grandes nevadas. El camino es de ripio por 18 kilómetros y cuando nieva se pone feo porque se forma mucho barro y se puede llegar a encajar.

Precios: 7.000 pesos para residentes, 9.000 para no residentes y 12.000 para extranjeros. Los menores de diez años pagan 2.000.